Con un retraso de 20 días, el gobierno inició el pago de los vouchers educativos de ayuda escolar que fueron prometidos a principios de abril. Este programa tenía como objetivo principal evitar que los alumnos de escuelas privadas perdieran su vacante, dado que el Estado no podría absorber un éxodo masivo de estudiantes a las escuelas públicas. Además, servía como una prueba piloto de la propuesta de Javier Milei de implementar vouchers educativos a largo plazo, un plan que pretende dejar de financiar la escuela pública y entregar a cada familia un voucher para que puedan elegir dónde educar a sus hijos.

Al inicio, el programa generó un gran entusiasmo entre las familias, que se inscribieron masivamente. Sin embargo, la implementación no salió como se esperaba. La mayoría de los inscritos comenzó a recibir transferencias de fondos por unos $7.000, una cantidad muy inferior a las cuotas que deben pagar en las escuelas privadas. Esto generó numerosos reclamos en las redes sociales.

Por otra parte, la Anses confirmó que un grupo de Pensiones no Contributivas no podrá acceder al bono de $70.000.

Limitaciones del Voucher Educativo

En la letra chica del programa, se especificaba que se transferiría la mitad del importe de la cuota, pero solo se cubriría la parte curricular de la factura de la escuela, dejando fuera otros ítems como materias extraprogramáticas, limpieza y seguridad. Muchas familias, sin leer detenidamente los detalles, asumieron que recibirían un importe mayor, pensando que la parte curricular representaba una porción más significativa de la factura mensual.

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El problema se agravó al tomar como referencia la tarifa de marzo para calcular el importe del voucher, sin considerar los aumentos de abril, mayo y junio. Como resultado, familias que pagan más de $100.000 por cuota escolar solo recibieron un voucher de alrededor de $10.000, una cantidad irrisoria en comparación con las expectativas generadas por el anuncio de Milei.

Descontento y expectativas no cumplidas

El programa de vouchers, anunciado con grandes expectativas, resultó ser una decepción para muchas familias. “Suena irrisorio para un programa que Milei había anunciado con bombos y platillos”, es el sentimiento común entre los beneficiarios, quienes esperaban una ayuda significativa para enfrentar los costos de la educación privada.

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La implementación de este programa refleja los desafíos y las dificultades en la ejecución de políticas educativas complejas, y destaca la importancia de una comunicación clara y transparente sobre los alcances y limitaciones de tales iniciativas.

Fuertes críticas al Gobierno por el Voucher Educativo

Los problemas no terminan ahí. Además de haber pagado poco, el proceso de inscripción fue muy engorroso.

Para crear el formulario de inscripción, el gobierno se basó en el formulario del Plan Progresar, un programa con mucha menor demanda que estos vouchers educativos.

La página colapsó rápidamente y la cantidad de datos que se pedían a las familias para aplicar al programa parecía infinita. Incluso se preguntaba si la familia pertenecía a pueblos originarios o si se percibían como afrodescendientes.

Muchas familias ingresaron a las 3 de la mañana para poder completar el formulario, un esfuerzo que solo tenía sentido si se otorgaban los $27.000, monto que casi nadie recibió.

Una vez llenado el formulario, no había constancia de inscripción ni manera de seguir el proceso. No se sabe cuáles son los criterios de adjudicación del programa.

La promesa era que se iba a pagar el voucher los primeros días de mayo. Eso no pasó. Después se prometió el 14 de mayo y tampoco se cumplió. Finalmente, se fijó para el 20 y, a partir de ese día, algunos mails o SMS comenzaron a informar sobre los pagos. No en todos los casos se efectivizó el pago.

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También hubo problemas con las cuentas a las que se debía transferir el dinero.

Contraste con el voucher porteño

En medio de todo esto, la Ciudad de Buenos Aires lanzó su propio programa de ayuda escolar, transfiriendo el dinero directamente a las escuelas y no a las familias. El contraste fue evidente. El formulario porteño solo pedía el nombre del chico, el documento y el nombre de la escuela, y a los pocos días ya estaba impactado en la factura escolar.

Esto puso en evidencia los problemas de gestión del gobierno de Javier Milei y del Ministerio de Capital Humano, a cargo de Sandra Pettovello, una funcionaria que Milei elogia públicamente, pero que ya enfrentó duras críticas en su gestión y se habla de la posibilidad de que dé un paso al costado.

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